Jesús ha resucitado, y con su resurrección ha consumado nuestra
redención; pues aunque toda la vida de Jesucristo es redentora, desde su
concepción hasta su muerte, solamente puede redimirnos quien es capaz de
resucitar. Sólo quien tiene poder para dar su vida y poder para recuperarla
puede ser redentor. Los demás podemos corredimir, ser corredentores con Cristo,
con tal que padezcamos con Cristo y resucitemos con Él.
Algunos protestantes, en su obsesión por sustituir el
sacramento de la penitencia, consideran la propia muerte como un medio de
redención personal, por la que Dios olvida todos sus pecados. Nada más falso.
La muerte es consecuencia del pecado y el medio para perdonar los pecados no es
la muerte del pecador sino su arrepentimiento, manifestado al confesar sus
pecados en el sacramento del perdón.
Jesús ha resucitado, y la misericordia de Dios quiere que nosotros
resucitemos con Él, despertando a la vida de la gracia, desprendiéndonos de
todo lo que nos ata al sepulcro.
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