lunes, 31 de diciembre de 2012

El año de la fe

La tradición católica, desde el inicio, ha rechazado el llamado fideísmo, que es la voluntad de creer contra la razón. Credo quia absurdum (creo porque es absurdo) no es fórmula que interprete la fe católica. Dios, en efecto, no es absurdo, sino que es misterio. El misterio, a su vez, no es irracional, sino sobreabundancia de sentido, de significado, de verdad. Si, contemplando el misterio, la razón ve oscuridad, no es porque en el misterio no haya luz, sino más bien porque hay demasiada. Es como cuando los ojos del hombre se dirigen directamente al sol para mirarlo: sólo ven tinieblas; pero ¿quién diría que el sol no es luminoso, es más, la fuente de la luz? La fe permite contemplar el «sol», a Dios, porque es acogida de su revelación en la historia y, por decirlo así, recibe verdaderamente toda la luminosidad del misterio.

domingo, 30 de diciembre de 2012

El año de la fe

Avanzamos en este Año de la fe llevando en nuestro corazón la esperanza de redescubrir cuánta alegría hay en creer y de volver a encontrar el entusiasmo de comunicar a todos las verdades de la fe. Estas verdades no son un simple mensaje sobre Dios, una información particular sobre Él. Expresan el acontecimiento del encuentro de Dios con los hombres, encuentro salvífico y liberador que realiza las aspiraciones más profundas del hombre, sus anhelos de paz, de fraternidad, de amor. La fe lleva a descubrir que el encuentro con Dios valora, perfecciona y eleva cuanto hay de verdadero, de bueno y de bello en el hombre. Es así que, mientras Dios se revela y se deja conocer, el hombre llega a saber quién es Dios, y conociéndole se descubre a sí mismo, su propio origen, su destino, la grandeza y la dignidad de la vida humana.

sábado, 29 de diciembre de 2012

El año de la fe

Sobre todo en la realidad de nuestro tiempo, no debemos olvidar que un camino que conduce al conocimiento y al encuentro con Dios es el camino de la fe. Quien cree está unido a Dios, está abierto a su gracia, a la fuerza de la caridad. Así, su existencia se convierte en testimonio no de sí mismo, sino del Resucitado, y su fe no tiene temor de mostrarse en la vida cotidiana, está abierta al diálogo que expresa profunda amistad para el camino de todo hombre, y sabe dar lugar a luces de esperanza ante la necesidad de rescate, de felicidad, de futuro. La fe, en efecto, es encuentro con Dios que habla y actúa en la historia, y que convierte nuestra vida cotidiana, transformando en nosotros mentalidad, juicios de valor, opciones y acciones concretas. No es espejismo, fuga de la realidad, cómodo refugio, sentimentalismo, sino implicación de toda la vida y anuncio del Evangelio, Buena Noticia capaz de liberar a todo el hombre.

viernes, 28 de diciembre de 2012

El año de la fe

San Agustín, que en su vida buscó largamente la Verdad y fue aferrado por la Verdad, tiene una bellísima y célebre página en la que afirma: «Interroga a la belleza de la tierra, del mar, del aire amplio y difuso. Interroga a la belleza del cielo..., interroga todas estas realidades. Todos te responderán: ¡Míranos: somos bellos! Su belleza es como un himno de alabanza. Estas criaturas tan bellas, si bien son mutables, ¿quién la ha creado, sino la Belleza Inmutable?» (Sermón 241, 2: PL 38, 1134). Pienso que debemos recuperar y hacer recuperar al hombre de hoy la capacidad de contemplar la creación, su belleza, su estructura. El mundo no es un magma informe, sino que cuanto más lo conocemos, más descubrimos en él sus maravillosos mecanismos, más vemos un designio, vemos que hay una inteligencia creadora. Albert Einstein dijo que en las leyes de la naturaleza «se revela una razón tan superior que toda la racionalidad del pensamiento y de los ordenamientos humanos es, en comparación, un reflejo absolutamente insignificante» (Il Mondo come lo vedo io, Roma 2005). Un primer camino, por lo tanto, que conduce al descubrimiento de Dios es contemplar la creación con ojos atentos.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El año de la fe

Desde la Ilustración en adelante, la crítica a la religión se ha intensificado; la historia ha estado marcada también por la presencia de sistemas ateos en los que Dios era considerado una mera proyección del ánimo humano, un espejismo y el producto de una sociedad ya adulterada por tantas alienaciones. El siglo pasado además ha conocido un fuerte proceso de secularismo, caracterizado por la autonomía absoluta del hombre, tenido como medida y artífice de la realidad, pero empobrecido por ser criatura «a imagen y semejanza de Dios». En nuestro tiempo se ha verificado un fenómeno particularmente peligroso para la fe: existe una forma de ateísmo que definimos, precisamente, «práctico», en el cual no se niegan las verdades de la fe o los ritos religiosos, sino que simplemente se consideran irrelevantes para la existencia cotidiana, desgajados de la vida, inútiles. Con frecuencia, entonces, se cree en Dios de un modo superficial, y se vive «como si Dios no existiera» (etsi Deus non daretur). Al final, sin embargo, este modo de vivir resulta aún más destructivo, porque lleva a la indiferencia hacia la fe y hacia la cuestión de Dios.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El año de la fe

Hoy no faltan dificultades y pruebas por la fe, a menudo poco comprendida, contestada, rechazada. San Pedro decía a sus cristianos: «Estad dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto» (1 P 3, 15-16). En el pasado, en Occidente, en una sociedad considerada cristiana, la fe era el ambiente en el que se movía; la referencia y la adhesión a Dios eran, para la mayoría de la gente, parte de la vida cotidiana. Más bien era quien no creía quien tenía que justificar la propia incredulidad. En nuestro mundo la situación ha cambiado, y cada vez más el creyente debe ser capaz de dar razón de su fe. El beato Juan Pablo II, en la encíclica Fides et ratio, subrayaba cómo la fe se pone a prueba incluso en la época contemporánea, permeada por formas sutiles y capciosas de ateísmo teórico y práctico (cf. nn. 46-47).

martes, 25 de diciembre de 2012

El año de la fe

Hay caminos que pueden abrir el corazón del hombre al conocimiento de Dios, hay signos que conducen hacia Dios. Ciertamente, a menudo corremos el riesgo de ser deslumbrados por los resplandores de la mundanidad, que nos hacen menos capaces de recorrer tales caminos o de leer tales signos. Dios, sin embargo, no se cansa de buscarnos, es fiel al hombre que ha creado y redimido, permanece cercano a nuestra vida, porque nos ama. Esta es una certeza que nos debe acompañar cada día, incluso si ciertas mentalidades difundidas hacen más difícil a la Iglesia y al cristiano comunicar la alegría del Evangelio a toda criatura y conducir a todos al encuentro con Jesús, único Salvador del mundo. Esta, sin embargo, es nuestra misión, es la misión de la Iglesia y todo creyente debe vivirla con gozo, sintiéndola como propia, a través de una existencia verdaderamente animada por la fe, marcada por la caridad, por el servicio a Dios y a los demás, y capaz de irradiar esperanza. Esta misión resplandece sobre todo en la santidad a la cual todos estamos llamados.

lunes, 24 de diciembre de 2012

El año de la fe

No debemos olvidar que el dinamismo del deseo está siempre abierto a la redención. También cuando este se adentra por caminos desviados, cuando sigue paraísos artificiales y parece perder la capacidad de anhelar el verdadero bien. Incluso en el abismo del pecado no se apaga en el hombre esa chispa que le permite reconocer el verdadero bien, saborear y emprender así la remontada, a la que Dios, con el don de su gracia, jamás priva de su ayuda. Por lo demás, todos necesitamos recorrer un camino de purificación y de sanación del deseo. Somos peregrinos hacia la patria celestial, hacia el bien pleno, eterno, que nada nos podrá ya arrancar. No se trata de sofocar el deseo que existe en el corazón del hombre, sino de liberarlo, para que pueda alcanzar su verdadera altura. Cuando en el deseo se abre la ventana hacia Dios, esto ya es señal de la presencia de la fe en el alma, fe que es una gracia de Dios. San Agustín también afirmaba: «Con la espera, Dios amplía nuestro deseo; con el deseo amplía el alma, y dilatándola la hace más capaz» (Comentario a la Primera carta de Juan, 4, 6: pl 35, 2009). Audiencia 20121107

domingo, 23 de diciembre de 2012

El año de la fe

Se podrían hacer consideraciones análogas también a propósito de otras experiencias humanas, como la amistad, la experiencia de lo bello, el amor por el conocimiento: cada bien que experimenta el hombre tiende al misterio que envuelve al hombre mismo; cada deseo que se asoma al corazón humano se hace eco de un deseo fundamental que jamás se sacia plenamente. Indudablemente desde tal deseo profundo, que esconde también algo de enigmático, no se puede llegar directamente a la fe. El hombre, en definitiva, conoce bien lo que no le sacia, pero no puede imaginar o definir qué le haría experimentar esa felicidad cuya nostalgia lleva en el corazón. No se puede conocer a Dios sólo a partir del deseo del hombre. Desde este punto de vista el misterio permanece: el hombre es buscador del Absoluto, un buscador de pasos pequeños e inciertos.

sábado, 22 de diciembre de 2012

El año de la fe

La experiencia del amor humano en nuestra época se percibe más fácilmente como momento de éxtasis, de salir de uno mismo; como lugar donde el hombre advierte que le traspasa un deseo que le supera. A través del amor, el hombre y la mujer experimentan de manera nueva, el uno gracias al otro, la grandeza y la belleza de la vida y de lo real. Si lo que experimento no es una simple ilusión, si de verdad quiero el bien del otro como camino también hacia mi bien, entonces debo estar dispuesto a des-centrarme, a ponerme a su servicio, hasta renunciar a mí mismo. La respuesta a la cuestión sobre el sentido de la experiencia del amor pasa por lo tanto a través de la purificación y la sanación de lo que quiero, requerida por el bien mismo que se quiere para el otro. Se debe ejercitar, entrenar, también corregir, para que ese bien verdaderamente se pueda querer.
Audiencia 20121107

viernes, 21 de diciembre de 2012

El año de la fe

Para amplios sectores de la sociedad Dios ya no es el esperado, el deseado, sino más bien una realidad que deja indiferente, ante la cual no se debe siquiera hacer el esfuerzo de pronunciarse. En realidad lo que hemos definido como «deseo de Dios» no ha desaparecido del todo y se asoma también hoy, de muchas maneras, al corazón del hombre. El deseo humano tiende siempre a determinados bienes concretos, a menudo de ningún modo espirituales, y sin embargo se encuentra ante el interrogante sobre qué es de verdad «el» bien, y por lo tanto ante algo que es distinto de sí mismo, que el hombre no puede construir, pero que está llamado a reconocer. ¿Qué puede saciar verdaderamente el deseo del hombre?

jueves, 20 de diciembre de 2012

El año de la fe

La Iglesia «con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las generaciones lo que es y lo que cree» (Const. dogm. Dei Verbum, 8).
Un cristiano que se deja guiar y plasmar poco a poco por la fe de la Iglesia, a pesar de sus debilidades, límites y dificultades, se convierte en una especie de ventana abierta a la luz del Dios vivo que recibe esta luz y la transmite al mundo. El beato Juan Pablo II, en la encíclica Redemptoris missio, afirmaba que «la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!» (n. 2).
Audiencia 20121031

miércoles, 19 de diciembre de 2012

El año de la fe

Al oír las palabras de Pedro, muchos se sienten personalmente interpelados, se arrepienten de sus pecados y se bautizan recibiendo el don del Espíritu Santo (cf. Hch 2, 37-41). Así inicia el camino la Iglesia, comunidad que lleva este anuncio en el tiempo y en el espacio, comunidad que es el Pueblo de Dios fundado sobre la nueva alianza gracias a la sangre de Cristo y cuyos miembros no pertenecen a un grupo social o étnico particular, sino que son hombres y mujeres procedentes de toda nación y cultura. Es un pueblo «católico», que habla lenguas nuevas, universalmente abierto a acoger a todos, más allá de cualquier confín, abatiendo todas las barreras. Dice san Pablo: «No hay griego y judío, circunciso e incircunciso, bárbaro, escita, esclavo y libre, sino Cristo, que lo es todo, y en todos» (Col 3, 11).
Audiencia 20121031

martes, 18 de diciembre de 2012

El año de la fe

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No puedo construir mi fe personal en un diálogo privado con Jesús, porque la fe me es donada por Dios a través de una comunidad creyente que es la Iglesia y me introduce así, en la multitud de los creyentes, en una comunión que no es sólo sociológica, sino enraizada en el eterno amor de Dios que en Sí mismo es comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; es Amor trinitario.
Nuestra fe es verdaderamente personal sólo si es también comunitaria: puede ser mi fe sólo si se vive y se mueve en el «nosotros» de la Iglesia, sólo si es nuestra fe, la fe común de la única Iglesia.
«“Creer” es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la Madre de todos los creyentes. “Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre” [san Cipriano]» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 181). Por lo tanto la fe nace en la Iglesia, conduce a ella y vive en ella. Esto es importante recordarlo.
Audiencia 20121031

lunes, 17 de diciembre de 2012

El año de la fe

Creer es fiarse con toda libertad y con alegría del proyecto providencial de Dios sobre la historia, como hizo el patriarca Abrahán, como hizo María de Nazaret. Así pues la fe es un asentimiento con el que nuestra mente y nuestro corazón dicen su «sí» a Dios, confesando que Jesús es el Señor. Y este «sí» transforma la vida, le abre el camino hacia una plenitud de significado, la hace nueva, rica de alegría y de esperanza fiable.
Audiencia 20121024

domingo, 16 de diciembre de 2012

El año de la fe



La fe es don de Dios, pero es también acto profundamente libre y humano. «Sólo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Espíritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto auténticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre» (Catecismo de la Iglesia católica , n. 154). Es más, las implica y exalta en una apuesta de vida que es como un éxodo, salir de uno mismo, de las propias seguridades, de los propios esquemas mentales, para confiarse a la acción de Dios que nos indica su camino para conseguir la verdadera libertad, nuestra identidad humana, la alegría verdadera del corazón, la paz con todos.
Audiencia 20121024

sábado, 15 de diciembre de 2012

La resurrección de la carne y la vida eterna

El Credo concluye con un acto de Esperanza. Creo y espero. Sé que al otro lado de la muerte no está la nada, sino el amor de Dios que nos aguarda con los brazos y el corazón abiertos.
No caigamos en la presunción, pero tampoco en la desesperanza. Estamos en camino y la puerta que conduce al Reino es estrecha; pero Dios está empeñado en que la traspasemos, y ese proyecto divino sólo puede encontrar un obstáculo: nuestra voluntad, que aún es capaz de cerrarse tercamente al Amor que le llama.
Pidamos a Dios nuestro Señor que nos tenga de su mano en el día de la muerte; que nuestra alma inmortal empiece a vivir con Cristo a la espera de la resurrección final.
Tertuliano, el gran escritor eclesiástico nacido en el siglo segundo, escribió: "la resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella".
Y un teólogo poeta dijo que “la Esperanza es la sonrisa de la fe”. Yo estoy seguro de que es también la sonrisa de María, que siempre acompaña a sus hijos en todas las etapas del camino.

viernes, 14 de diciembre de 2012

El perdón de los pecados

Creo firmemente que existe el pecado, que los hombres somos capaces de ofender al mismo Dios, de “entristecer al Espíritu Santo”, como escribió San Pablo.
Algún teólogo, al considerar este tremendo misterio de iniquidad, afirmó que el hombre es infinitamente poderoso para el mal, no para el bien. Pienso que se equivocaba: el hombre es capaz de ofender a Dios porque también es capaz de amarlo. Dios “siente” nuestras ofensas igual que siente nuestro amor. Tenemos el grandioso poder de tocar el corazón de Dios.
Creo firmemente que el pecado es la mayor herida que el hombre puede provocarse a sí mismo. Y creo que Jesucristo se encarnó para cicatrizar esa herida.
Creo firmemente que cada uno de nuestros pecados, por muy ocultos que parezcan, afectan a la Iglesia entera ―Cuerpo de Cristo― y aun al conjunto de sociedad humana. Las guerras, la violencia, el odio, el terrorismo, nacen del corazón herido del hombre, de todo hombre.
Creo firmemente que el cosmos entero sufre por el pecado del hombre. Y creo que la redención obrada por Jesucristo librará de ese dolor al universo entero.
Yo sé que Jesús no necesitaba lavarnos con agua para limpiar nuestras culpas ni ungirnos con óleo para darnos su Espíritu. Tampoco le era preciso el Pan ácimo de la Pascua ni el vino de la vid para alimentarnos con su Cuerpo y su Sangre.
Sin embargo, para curar los ojos de un ciego, tomo tierra del suelo y la mezcló con su propia saliva. Un  extraño colirio en las manos de Dios. ¿Acaso no podía realizar el milagro con solo desearlo?
Eso son los Sacramentos: el barro que el Señor utiliza para salvarnos y, de paso, para recordarnos que somos tierra y que todos necesitamos la misma humilde medicina.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Colegio Altair

Recien publicado. Mas de 1000 personas han participado en la realización de este Free Lipdub por la libertad.
La Junta de Andalucía les quiere quitar los conciertos y tendrian que cerrar el Colegio.
Padres, madres, hermanas, profesores, personal no docente y por supuesto los alumnos protestan a su manera por esta decisión arbitraria.

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Romana


La Iglesia es Romana, así nos llaman y nos distinguen los que también quieren ser católicos, pero que están separados de Roma. La Iglesia de Roma subsiste en Roma desde los primeros años del siglo primero, los que se han separado son los que no quieren ser romanos. Son estos los que tienen que cambiar de opinión y buscar la unión con la única Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Porque no puede haber muchas iglesias, y porque la unidad exige comunión: un solo rebaño y un solo pastor.

Otros nos acusan de haber invertido mucho dinero en obras de arte: catedrales, pinturas, esculturas, en vez de dárselo a los pobres; cuando en realidad han sido los pobres los que han construido las catedrales, pintado los cuadros o esculpido las obras de arte, con muchas privaciones. Nunca la Iglesia se ha apropiado de nada que no sea suyo y siempre ha sido objeto de expolio por parte de los poderosos.

¿Qué quiere Jesucristo para su Iglesia? Unidad o desunión. Comparaciones estériles: yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cristo, o que todos seamos de Cristo. Tanto Pablo como Apolo son de Cristo, no puede ser de otra manera, por qué nosotros vamos a estar divididos. Tenemos que rezar más por la unidad de los cristianos.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El Papa en Twitter

Queridos amigos, me uno a vosotros con alegría por medio de Twitter. Gracias por vuestra respuesta generosa. Os bendigo a todos de corazón.

Primeras preguntas y respuestas: 
¿Cómo podemos vivir mejor el Año de la Fe en nuestro día a día?
 Dialoga con Jesús en la oración, escucha a Jesús que te habla en el Evangelio, encuentra a Jesús, presente en el necesitado.

¿Cómo vivir la fe en Jesucristo en un mundo sin esperanza?
 Con la certeza de que, quien cree, nunca está solo. Dios es la roca segura sobre la que construir la vida, y su amor es siempre fiel.

¿Qué nos aconseja para rezar más en medio de nuestras obligaciones profesionales, familiares y sociales?
 Ofrece al Señor todo lo que haces, pide su ayuda en todas las circunstancias de la vida diaria, y recuerda que él está siempre a tu lado.


martes, 11 de diciembre de 2012

Feliz Navidad

No entiendo cómo a algunos diputados no les ha gustado esta felicitación de la Navidad. Se ve que tienen mal gusto. A lo mejor hubieran preferido algo mas material, en especie.
Comprendo que el motivo de la protesta sea un motivo religioso; pero ¿no se dan cuenta que ese motivo religioso es una obra de arte? ¿Pretenden esconder las obras de arte para que no las vea nadie?
Para desear la felicidad es obligatorio mostrar la imagen de un arbol, un campo nevado, o un reno, en ningún caso un motivo religioso, aunque sea una obra de arte. Son autenticos iconoclastas.
Felicito al Presidente de la Camara por haber elegido este tema. Con permiso, pienso mandárselo a mis amigos, seguro que les gusta.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Apostólica

Doce columnas sostienen a la Iglesia Santa: son los doce Apóstoles;  como los doce hijos de Jacob, como las doce tribus de Israel, como las doce fuentes de agua que encontraron en Elim los hijos de Israel, como las doce piedras que puso Elías en el altar del sacrificio, como las doce puertas de la Jerusalén celestial.
La Iglesia está bien cimentada. No es una organización democrática; su doctrina no se acuerda por referéndum ni cambia según sople el viento de las ideologías.
“Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”, prometió Jesús a sus apóstoles, y ellos, conscientes de que su misión superaba los límites de su propia existencia, transmitieron a otros hombres la plenitud del sacerdocio y de su misión.
Creo en los obispos. No en cada uno de ellos, como si gozaran del carisma de la infalibilidad, sino en el Colegio episcopal que, por institución divina y en comunión con Pedro, pastorea a la Iglesia como los primeros doce. 
Venero a mi obispo y rezo todos los días por él, sea quien sea: cuando lo escucho,  sé que escucho a Cristo; si lo despreciara, despreciaría a Cristo y al Padre, que lo envió.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Católica

Creo firmemente que nuestra Iglesia es Católica, es decir, Universal. y está llamada a extenderse de polo a polo, a integrarse en todas las culturas y pueblos de la tierra.
No creo en las capillitas ni en los corralitos. Sí creo en esos centenares de diócesis del mundo entero, a las que llamamos "Iglesias" porque en cada una de ellas vive la Iglesia Universal, una y única. En estas comunidades ―aunque muchas veces sean pequeñas y pobres o vivan dispersas―  está presente Cristo, quien con su poder constituye a la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
La Iglesia Católica tampoco es el resultado de una suma de Iglesias particulares ni una federación de comunidades autónomas, sino una realidad universal, un solo pueblo unido por una misma fe, un mismo culto y un mismo Pastor.
No existe ―lo diré claramente― una iglesia vasca, castellana, catalana, corsa extremeña, siciliana o española. Por tanto no puedo creer en ellas. No seamos aldeanos. Hay sólo una Iglesia Santa que peregrina en el mundo entero, en cada diócesis y en cada cristiano.
San Ireneo, el gran obispo martir de Lyon, llegó a la Galia en el siglo II desde Esmirna, su país natal. Quizá dentro de no mucho tiempo vengan de nuevo a evangelizar Europa desde muy lejos, y tengamos un obispo africano en Madrid, un inglés en Bilbao o un chino en Gerona…
Que nadie se alarme: los pueblos caen, las civilizaciones se derrumban, las lenguas se dispersan o se confunden, pero la Iglesia ―Cuerpo de Cristo― seguirá siendo Una y Universal por los siglos de los siglos.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Santa

Es santa, porque Cristo es Santo y la Iglesia es su Cuerpo y su Esposa.
Es Santa porque María Santísima es madre y miembro excelso de la Iglesia.
Es Santa, porque tiene sus raíces en el Cielo. La Iglesia Triunfante está formada por millones de santos. Y su número crece de día en día. 
Entre esos triunfadores, los Sumos Pontífices ha elevado a la gloria de los altares a miles de hombres y mujeres de todas las épocas. También por ellos, la Iglesia es santa.
Lo es a pesar de los pesares; a pesar de nuestras miserias y pecados. En la Iglesia Dios perdona y santifica. La Iglesia es santa y santificadora.
Y, entre los que todavía peregrinamos en la tierra hay también miles de santos de todas las razas, edades y condiciones; gentes que luchan con todas sus fuerzas por amar a Dios con todo el corazón. En eso consiste la santidad. 
No hay dos Iglesias: una pecadora y tal vez corrompida, y otra limpia e inmaculada. La Iglesia pide perdón cada día por los pecados de sus hijos. Cada día muere Jesús en la Cruz para lavar el rostro de su Esposa.
La Iglesia es una Niña preciosa que me sonríe cada mañana. Por defenderla de los que la maltratan daría la vida entera. 

martes, 4 de diciembre de 2012

Una y Única

Porque el Cuerpo de Cristo es Uno y nadie podrá dividirlo jamás.
Porque el mismo Jesús, en la Ultima Cena pidió al Padre para su Iglesia el don de la unidad, y la oración del Verbo Encarnado no puede fracasar: ut omnes unum sint, sicut tu, pater in me et ego in te.
Porque la Eucaristía hace presente a Cristo, Cabeza y Cuerpo. Y cada vez que lo recibimos en el Pan consagrado, comulgamos, es decir, entramos en comunión con toda la Iglesia.
Porque profesamos una misma fe recibida de los apóstoles, celebramos un mismo culto y tenemos, también en la tierra, una cabeza visible, que es Vicario de Cristo.
La Iglesia es Única, aunque a lo largo de la historia se hayan desgajado algunas ramas de este tronco común.  Esos sarmientos arrancados de la vid aún conservan el aroma de Cristo y dan frutos de verdadera santidad; pero es preciso injertarlos de nuevo en la vid para que todos recibamos la misma savia del Señor, que es la raíz de este árbol frondoso.   

lunes, 3 de diciembre de 2012

Creo en la Iglesia





El día de Pentecostés Cristo volvió a nacer en el seno de María. 

La Señora, reunida en el Cenáculo con los 12 apóstoles, con los discípulos y las santas mujeres, llamó a su Esposo, y la Medianera de todas las Gracias, lo fue también de la Gracia Increada, de Dios Espíritu Santo.

Los Hechos de los Apóstoles nos hablan de un viento impetuoso y de unas lenguas de fuego que se posaron sobre las cabezas de todos los reunidos. El Cuerpo Místico de Cristo, engendrado de nuevo por el fiat de la Virgen Inmaculada, comenzaba a extenderse ya por toda la tierra.

Veintiún siglos después el viento y el fuego del Espíritu siguen renovando el mundo.

Creo en el Espíritu Santo que rejuvenece a la Iglesia cada día.

Creo en la Madre de la Iglesia, que la protege de nuestros errores y la hace Santa, a pesar de los pesares.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Creo en el Espíritu Santo



Esta vez copio una oración de San Josemaría Escrivá al Espíritu Santo, publicada por el Prelado del Opus Dei en su Carta Pastoral con ocasión del Año de la fe, el 29-XI-2012

Ven ¡Oh Santo Espíritu!: ilumina mi entendimiento, para conocer tus mandatos; fortalece mi corazón contra las insidias del enemigo; inflama mi voluntad…

He oído tu voz, y no quiero endurecerme y resistir, diciendo: después…, mañana. ¡Nunc coepi! ¡Ahora!, no vaya a ser que el mañana me falte.

¡Oh, Espíritu de verdad y de sabiduría, Espíritu de entendimiento y de consejo, Espíritu de gozo y de paz!: quiero lo que quieras, quiero porque quieres, quiero como quieras, quiero cuando quieras….

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Vendrá a juzgar


Creo ―con fe teologal― que vendrá con toda su gloria. Espero ―con Esperanza teologal― que vendrá pronto, antes de que el mundo se destruya a sí mismo.
Sé que habrá un juicio y que mi vida ―la de cada uno― será pesada en la balanza de la justicia y de la misericordia de Dios. Pero sé también que el Señor juzgara a los pueblos en su conjunto; a las naciones y a las ideologías; a los movimientos y a los partidos, a las ONG, a las Naciones Unidas y a la Unión europea; a los reinos y a las repúblicas; a los parlamentos y a los caballeros de la mesa redonda; a los que dan premios y a los premiados; a los banqueros y a los bancarios; a los filósofos, a los jueces, a las iglesias, a los sacerdotes, a los predicadores…
Dios creó el mundo como una unidad. Cada una de nuestras acciones alcanza los confines del universo. No estamos solos y seremos juzgados también por el bien o el mal que hayamos sembrado sin saberlo.
Cuando Cristo venga y juzgue a las naciones, esa expresión tan española ―”¡no hay derecho”!― dejará de tener sentido. Él traerá el Derecho y la Justicia.

martes, 27 de noviembre de 2012

Sentado a la derecha de Dios


En cierta ocasión, Santiago y San Juan pidieron al Señor que les concediera un puesto a su derecha y a su izquierda en el Reino de los Cielos. Los “hijos del trueno” ―así los llamó Jesús y no precisamente por la dulzura de su carácter― habían salido a su madre, Salomé, que hizo de intermediaria.
No le pareció mal al Señor la sorprendente pretensión de sus apóstoles. Era una buena oportunidad para sondear la grandeza de su corazón.
―No sabéis lo que pedís ―les respondió―. ¿Podréis beber el cáliz que yo he de beber?
A coro contestaron que sí, que con tal de estar siempre a tu lado, sufrirían todos los malos tragos que hiciera falta.
―¡Beberéis mi cáliz! ―les prometió entonces Cristo―; pero el puesto en el Reino ya está adjudicado.
Así debe ser: junto al Señor estarán el Padre y el Espíritu Santo. Y a su derecha, María Santísima con cuerpo y alma, coronada de estrellas. Y San José…
“Sentados” a la diestra de Dios, como dice el credo. Amén.