En el Libro de Sofonías encontramos esta expresión
«Alégrate, hija de Sión... El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti...
El Señor tu Dios está en medio de ti, valiente y salvador» (3, 14-17). En estas
palabras hay una doble promesa hecha a Israel, a la hija de Sión: Dios vendrá
como salvador y establecerá su morada precisamente en medio de su pueblo, en el
seno de la hija de Sión. En el diálogo entre el ángel y María se realiza
exactamente esta promesa: María se identifica con el pueblo al que Dios tomó
como esposa, es realmente la Hija
de Sión en persona; en ella se cumple la espera de la venida definitiva de
Dios, en ella establece su morada el Dios viviente.
En el saludo del ángel, se llama a María «llena de
gracia»; en griego el término «gracia», charis, tiene la misma raíz lingüística
de la palabra «alegría». También en esta expresión se clarifica ulteriormente
la fuente de la alegría de María: la alegría proviene de la gracia; es decir,
proviene de la comunión con Dios, del tener una conexión vital con Él, del ser
morada del Espíritu Santo, totalmente plasmada por la acción de Dios. María es
la criatura que de modo único ha abierto de par en par la puerta a su Creador,
se puso en sus manos, sin límites. Ella vive totalmente de la y en relación con
el Señor; está en actitud de escucha, atenta a captar los signos de Dios en el
camino de su pueblo; está inserta en una historia de fe y de esperanza en las
promesas de Dios, que constituye el tejido de su existencia. Y se somete
libremente a la palabra recibida, a la voluntad divina en la obediencia de la
fe.
Audiencia 20121219
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